LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE

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Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, el profesor nos hizo un examen sorpresa.

Yo era un estudiante consciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta la última que decía: “¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?”


Seguramente era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Ella era alta, de cabello oscuro, como de cincuenta años, pero, ¿cómo iba yo a saber su nombre? Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco.

Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. Por supuesto, dijo el profesor. En sus carreras, ustedes conocerán muchas personas, todas son importantes. Ellas merecen su atención y cuidado, aunque sólo les sonrían y digan: “¡Hola!” Yo nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dorothy.

Anónimo


Liderazgo *Fe *Espiritualidad *Competitividad *Superación *Esfuerzo *Compromiso *Autorrealización *Integridad *Seguridad *Confianza *Optimismo

UN REO GENEROSO

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Un joven que se hallaba cumpliendo una condena judicial en un presidio, logró romper los hierros de su cautiverio y fugarse de la prisión. Corrió por los campos dos días, huyendo de las garras de la justicia y sin encontrar un pedazo de pan que llevar a la boca. Desfallecido de hambre y cansancio, se albergó en una solitaria cabaña, pidiendo hospitalidad y algún alimento.

Pero la suerte lanzaba a aquel infeliz con mano oculta de miseria en miseria, haciendo cada vez más angustiosa su situación. El espectáculo que se halló en la cabaña donde se había refugiado era desolador. Una numerosa familia hambrienta se agitaba en torno del jefe de ella, pidiendo un bocado de pan. El infeliz labrador, no tenía medio de remediar el mal que aquejaba a su esposa e hijos, y estaba amenazado por el propietario de la choza en que habitaba, quien debía expulsarlo de ella al día siguiente, porque le debía el alquiler. El pobre mezclaba sus lágrimas con las de sus hijos, no hallando camino por dónde salir.

Al ver esta escena, el joven fugitivo tuvo una idea para salvar a la d eso la d a familia del desastre que la amenazaba. Pide al hombre de la cabaña que le ate una cuerda al cuello y le entregue a la justicia, para cobrar la recompensa ofrecida para estos casos, y que podrá sacarle del apuro de ser expulsado de la casa en que vive.


El infeliz se niega a hacer lo que el joven le propone, diciendo que antes perdería la vida que cometer semejante acción. El presidiario insiste asegurándole que si no le entrega a la justicia, va a presentarse él mismo. En fin, tantos son los ruegos que emplea para persuadirle, que consigue le tome por un brazo y le presente a la primera autoridad, quien le entregó en el acto la recompensa.

El pobre hombre no podía tranquilizarse: la conciencia le remordía. Al día siguiente relató a la autoridad lo ocurrido, quien impresionada por la generosidad del fugitivo examinó su causa, que era leve, y sólo se había agravado por un altercado que tuvo con los jueces. El resultado fue que, teniendo en cuenta todos los antecedentes, y el rasgo de desinterés manifestado, puso en libertad al presidiario.

Nunca el sacrificio generoso es estéril.

Anónimo


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PARA SER EL NUMERO "1"

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Ganar no es algo que se presenta algunas veces, es un algo que sucede en todo tiempo. No se gana de vez en cuando ni las cosas se hacen bien de vez en cuando, sino que se hacen bien en todo momento. Ganar es un hábito, desafortunadamente también lo es perder.

Definitivamente no hay cabida para un segundo lugar. Únicamente existe un lugar en mi juego y ése es el primero; he finalizado dos veces en segundo lugar durante el tiempo que llevo en mi equipo y mi intención es jamás volver a terminar en esa posición. Existe un partido para un segundo y tercer lugar, pero ese es un partido para perdedores, jugado por perdedores. Es y siempre ha sido un objetivo de nuestro equipo el ser el primero en todo lo que hagamos y ganar, ganar y... ganar.

Siempre que un competidor entre en la cancha debe jugar como un todo, un todo que juegue desde los pies hasta a cabeza, cada centímetro, cada punto del organismo deberá jugar.

Algunos juegan con el cerebro, lo cual está muy bien porque eso es lo que los hace ser audaces e inteligentes para ser los números UNO en cualquier actividad. Aún es más importante jugar con todo el corazón, con cada fibra de nuestro cuerpo. Si tenemos la suficiente capacidad para ser alguien con mucho cerebro y mucho corazón, entonces podremos tener la certeza de que nunca saldremos del campo de competencia en segundo lugar.


El manejo de un equipo no difiere del de cualquier otro tipo de organización una escuela, un ejército, un partido político, un negocio, pues los principios son los mismos, el objetivo es ganar, vencer al otro; tal vez esto parezca duro o cruel pero yo no lo creo.

Es una realidad de la vida que por naturaleza los hombres son competitivos y que los juegos o partidos más difíciles atraen a las personas más combativas, por eso están allí: ¡Para competir! Conocen perfectamente las reglas y los objetivos cuando salen a jugar, la meta es ganar limpia, honesta y decentemente; de acuerdo con las reglas, pero ganar.

En verdad, nunca he conocido a un hombre que con el tiempo, y muy dentro de su corazón, no apreciara el empuje y la disciplina. Existe un algo en todo hombre que lo impulsa hacia la disciplina y a la cruda realidad del combate frente a frente.

No digo estas cosas porque crea en la naturaleza bruta del hombre o que los hombres deban ser brutalizados para ser combativos. Yo creo en Dios y en la decencia humana, pero también creo firmemente que el mejor y mayor momento de cualquier hombre su logro más grande y su mayor satisfacción es aquel momento sublime en que después de haber trabajado arduamente con todo su empuje, esfuerzo, dedicación y corazón en favor de una causa noble, se encuentra exhausto en el campo de batalla...
¡Victorioso!

Vince Lombardi


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¡Te Amo! Dedícale Este Vídeo A Esa Persona

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Dedicado al gran amor de mi vida!

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El Amor Y El Taxista

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El otro día, en Nueva York, cogí un taxi con un amigo. Cuando nos bajamos, mi amigo le dijo al taxista:
—Le agradezco el viaje. Es usted un conductor estupendo.

Durante un segundo, el hombre se quedó atónito. Después reaccionó:
—Oiga, ¿me está tomando el pelo o qué?

—Nada de eso, amigo mío, no tengo intención de molestarlo. Admiro la tranquilidad con que se mueve en medio de semejante tránsito.

—Ah —farfulló el conductor, y siguió su recorrido.

—¿A qué venía eso? —pregunté.

—Estoy tratando de restaurar el amor en Nueva York —me respondió mi amigo—. Creo que es lo único capaz de recuperar la ciudad.


—¿Cómo es posible que un solo hombre salve Nueva York?

—No es cuestión de un solo hombre. Creo que a ese taxista le he cambiado el día. Suponte que haga veinte viajes. Pues será amable con esos veinte pasajeros porque alguien fue amable con él. Ellos, a su vez, serán más cordiales con sus empleados, servidores o colaboradores, e incluso con sus respectivas familias. En última instancia, la buena disposición podría extenderse a un millar de personas por lo menos. No está mal, ¿no te parece?

—Pero tú confías en que ese taxista transmita tu buena disposición a los demás.

—No estoy confiando en nada —respondió mi amigo—. Me doy cuenta de que el sistema no es totalmente seguro. Hoy puedo encontrarme con diez personas muy diferentes, si de entre esos diez puedo hacer felices a tres, finalmente podré influir en forma indirecta sobre las actitudes de tres mil más.

—Teóricamente suena bien —admití—, pero no estoy seguro de que en la práctica funcione.

—Si no funciona no se pierde nada. No perdí ni un minuto en decirle a ese hombre que estaba haciendo muy bien su trabajo. Ni le di una propina mayor ni una más pequeña. Y si mis palabras cayeron en oídos sordos, ¿qué importa?

Mañana habrá algún otro taxista a quien pueda tratar de hacer feliz.

—Oye, tú estás un poco chiflado —señalé.
—Tus palabras demuestran lo cínico que te has vuelto. Este asunto lo tengo estudiado. Lo que al parecer les falta a nuestros empleados de correos, aparte de dinero, por cierto, es que nadie les dice lo bien que están haciendo su trabajo.


—Pero si no están haciendo bien su trabajo.

—Si no están haciendo bien su trabajo es porque sienten que a nadie le importa cómo lo hacen. ¿Por qué no decirles una palabra que les anime?

En ese momento pasábamos junto a un edificio en construcción, donde cinco obreros estaban almorzando. Mi amigo se detuvo.

—Qué trabajo estupendo habéis hecho —señaló—. Debe de ser algo muy difícil y peligroso.
Los hombres lo miraron con desconfianza.

—¿Cuándo estará terminado?

—En junio —gruñó uno de ellos.

—Ah. Pues realmente, es impresionante. Debéis de estar muy orgullosos.

Seguimos caminando y yo le señalé:
—No he visto a nadie como tú desde que leí el Quijote.

—Cuando esos hombres asimilen mis palabras se sentirán más felices y, de alguna manera, su felicidad será un beneficio para la ciudad.

—Pero, ¡esa no es una tarea para que la hagas tú solo! —protesté yo—. Al fin y al cabo, no eres más que un hombre.

—Lo más importante es no descorazonarse. Intentar que la gente de la ciudad vuelva a ser feliz no es tarea fácil, pero si puedo enrolar a más gente en mi campaña...

—Acabas de guiñarle el ojo a una mujer feísima —le señalé.

—Ya lo sé —me respondió—. Piensa que si es maestra de escuela hoy sus alumnos tendrán un día fantástico.

Art Buchwald


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Dios Mío Solamente Tengo 17 Años

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El respeto a la vida es fundamento de cualquier otro derecho, incluídos los de la libertad!

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Abrid Pistas

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Abrid pistas.

¿Has seguido alguna vez aquellos senderos, trazados y surcados por generaciones de pies de hombres y animales y que son como la huella viva todavía de una humanidad que supera la historia?

A través de los prados, así como en los flancos de las pendientes, no hay nunca una solución única, un camino exclusivo, sino senderos caprichosos, más o menos paralelos y en cada recodo un abanico de caminos que se abren hacia otros horizontes.

Si en un momento dado el abanico se cierra, es señal de que el paso se hace difícil, que el sendero va a meterse en un desfiladero o a parar al único puente de leños que atraviesa el torrente.

Pero una vez superado el obstáculo, como una flor que se abre, se extienden de nuevo los senderos aventurados que parten al asalto de la montaña que debemos conquistar.


De esta forma, la vida ofrece su plenitud a quien quiere afrontarla. No reduzcáis arbitrariamente de antemano la infinitud de tanteos y la multiplicidad de soluciones a los problemas complicados que nos plantea. No agravéis la monotonía de una vida cotidiana en la que el abanico de caminos se ha cerrado sobre la perspectiva gris de la calle que conduce a la fábrica. No desesperéis haciendo de vuestra vida un desfiladero de vía única, cuidadosamente rodeado de barreras, de bloques oscilantes y de precipicios, sin la esperanza de ver por fin un recodo abrirse y mostrar el abanico generoso de los senderos que suben hacia la plenitud de la vida.

Desde ahora y todas las mañanas, abrid pistas, aun cuando no estéis del todo seguros de que conducen al collado. Cada uno según su temperamento y sus gustos: para la oveja prudente que seguirá el camino central trazado detenidamente, para el carnero orgulloso que tiene necesidad de mostrar sus cuernos infatigables, para el que subir y trepar parece una finalidad funcional.

Os doy mi vieja experiencia de pastor: el ganado no sufre más cuando se amontona en los lugares difíciles que cuando se extiende por los senderos, calmado y satisfecho.

Celestin Freinet

No Estás Deprimido; Estás Distraido (Para Cuándo Estés Triste)

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Es una hermosa reflexión para el alma.

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A Pesar De Que

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A pesar de que el alboroto y la agitación invadan los remansos de silencio y de paz, hasta el punto que resulte difícil vivir dentro de uno mismo...

A pesar de que haya que pagar un elevado precio por la libertad de amar la belleza, la verdad y el bien...

A pesar de que nuestros miedo a la verdad se esconda bajo todo tipo de disfraces y esto engendre en nosotros, día tras día, un personaje que nos molesta hasta a nosotros mismos...


A pesar de que ya no sepa uno cómo librarse de la incomodidad de lo absurdo y se pierdan las ganas de vivir...

A pesar de que uno lo haya recuperado todo y las palabras le resulten demasiado inexpresivas para explicar adecuadamente lo que lleva en lo más hondo de sí mismo...

A pesar de todo... tal vez queden todavía:
  • un camino que descubrir,
  • una oportunidad que aprovechar,
  • una luz en algún sitio,
  • una tierra a la que amar.

Una Gran Alegría De Vivir

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Llamaron a las puertas del cielo tres alpinistas que habían muerto instantáneamente en un accidente al caer desde lo más alto de la montaña Punta de Flecha.

En la entrada, un ángel que se encargaba de recibir a los recién llegados, interrogó a cada uno de ellos sobre sus últimos pensamientos durante la fatal caída.


El primero contestó: "Yo pensé en mi esposa y en mis hijos, en la penosa situación económica en que los iba a dejar pues yo era el único sustento de mi familia".

El ángel entonces le negó la entrada al cielo.

El segundo alpinista confesó: "Yo juré arrepentirme de todos mis pecados, de lo que hice mal y de lo que omití hacer y pedí perdón a todos aquellos a quienes lastimé".

El ángel sentenció: "Tú tampoco mereces la entrada al cielo".

El tercer montañista titubeó antes de hablar, por lo que el ángel insistió: “Anda, dinos lo que pensaste al caer".


"Lo que pasa, es que tengo pena de lo que sentí..." 
-contestó y tras un momento continuó- "Sabes, yo siempre soñé con volar, de ahí mi afición a escalar grandes montañas, por ello cuando me vi en tal situación, lo único que tuve presente en aquel instante fue la hermosa sensación de flotar y surcar el aire, de poder admirar desde lo alto las maravillas de la naturaleza..., claro el porrazo fue tremendo, pero en aquel momento solo pensé en disfrutar aquella experiencia única".

El ángel entonces le dijo: "Tú sí puedes entrar al cielo porque tuviste la capacidad de disfrutar de la creación y tendrás por supuesto, la capacidad de disfrutar del cielo".

Actitud De Búsqueda

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Cuando en tu vida concluye una etapa, cuando una cima logras conquistar, cuando obtenemos al fin lo que deseábamos alcanzar, cuando después de la euforia natural al deleitarnos con la victoria de un sueño convertido en realidad nos enfrentamos a un espacio vacío y nuestro espíritu busca con ansia realizar una nueva conquista, es cuando encontramos el tesoro que cada día podemos acrecentar y en la dimensión de nuestra búsqueda estará nuestra grandeza.


Buscar es un camino que nos lleva a la sorpresa diaria de algo diferente, así en cada amanecer debemos proponernos algo nuevo descubrir, con esta actitud jamás el aburrimiento nos alcanzará y mantendremos entonces nuestra capacidad de asombro, pues a cada instante de nuestra vida existirán dimensiones distintas por conocer, áreas no descubiertas en la ciencia o en la técnica, rasgos desconocidos en los seres vivos y en nosotros mismos.


Tu búsqueda será el pasaporte para vivir sin hastío, en un crecimiento continuo, sin más límites que los que tú quieras imponerte, en un camino sin final, un sendero de luz que jamás dejará en la oscuridad tu espíritu. Conserva por siempre esa chispa para que ilumine por siempre tu ser, nunca ceses de buscar y siempre podrás encontrar. En ti mismo existe la grandeza infinita de Dios, en esa búsqueda la encontrarás y una vez conociéndolo, tus fronteras se convertirán en inmensidad no conocida del Creador.

Los Lazos De Familia

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Hace varios veranos, 48 parientes, nos reunimos para festejar las bodas de oro de mis padres. Reunirme así con tantos parientes me incitó a reflexionar acerca de la unión familiar, pero sobre todo, acerca de la gran diferencia que existe entre tener una familia y no tenerla.

Para muchos de nosotros, la familia es algo fuera de moda. Toleramos a nuestros padres en visitas esporádicas; no entendemos a nuestros hijos, y nos sentimos mejor y más seguros cuando estamos con nuestros amigos y con gente de nuestra misma edad.

Al fin y al cabo, nuestros parientes nos conocen demasiado bien… Del tío Avery aprendí a decir mi primera palabra (“¡No!”), y la tía Katherine me dio mi primera tunda (“Si no dejas de llorar inmediatamente te daré un buen motivo para que llores”). Mi padre tenía otras tres hermanas y un hermano, además del tío Avery y de la tía Katherine.

Todos ellos crecieron en una casa grande, de dos pisos, con cinco dormitorios, un pasamanos para deslizarse por él, un armario para guardar sábanas y mantelería para poder esconderse, un arcón lleno de muñecas de porcelana rotas, y un granero que fue destruido por un incendio cuando yo tenía diez años.

Siempre que íbamos a pasar allá las vacaciones veraniegas, todos los primos solíamos sentarnos alrededor de los tíos y tías, y les escuchábamos contar incidentes de cuando eran jóvenes.

Pero todos y cada uno de los miembros de la familia podían estar seguros de que jamás se hablaría mal de ellos.


Hacía más de 20 años que no había visto a estos tíos y tías; sin embargo, ese verano parecía no haber cambiado. La diminuta tía Martha, psicóloga de profesión, aún lucía elegante, con el pelo rizado y sus esplendorosas blusas de seda. Por su parte, Louisa, la benjamina de la familia, de 66 abriles, todavía conservaba, a pesar de su larga carrera como maestra de matemáticas en uno de los peores barrios, aquella dulce sonrisa de niña inocente que yo recordaba. Katherine, la mayor, acababa de jubilarse, después de haber dedicado 50 de sus 80 años de vida a la enseñanza, y a guiar grupos de turistas a Europa.

Los tíos tampoco habían cambiado; tan sólo habían bajado de peso, papá había reducido 14 kilos, hasta alcanzar el peso que tenía cuando se casó. El tío Avery, mi favorito y el preferido de todos, también había adelgazado, pero por una razón mucho más triste: había emprendido una lucha contra el cáncer en los huesos.

Los primos, por nuestra parte, no pensábamos en la eternidad. Estábamos demasiado ocupados haciéndonos lugar en un mundo muy distinto al de nuestros padres. Pero, al mismo tiempo, nos intrigaba averiguar cómo eran ellos en realidad. Todos conocíamos fragmentos de la historia… conversaciones y anécdotas escuchadas aquí y allá. Era como un rompecabezas que intentábamos armar.

Comentamos con entusiasmo ser descendientes de una abuela que tuvo siete hijos, enterró a dos y logró imbuir en los demás el ansia de adquirir conocimientos —todo ello en una época en la que el control de la natalidad no era una opción —, y de un abuelo irascible que vivió hasta los 94 inviernos.

Los hermanos y hermanas tomaron fotografías de todo y de todos, en interminables grupos: de la familia que proveníamos y de la que habíamos formado.

Insistían en que podían identificar perfectamente a cada uno de nosotros, por el parecido físico. Todos nos parecíamos a ellos, a nuestros padres o a nuestros abuelos. Esto era una prueba, dijeron, de que en realidad nada se había perdido; tan sólo había ido pasando de una a otra generación.

La celebración de las bodas de oro culminó con un banquete presidido por los hermanos y hermanas en la mesa principal, durante el cual todos comimos doble ración.

Nosotros, los primos, lo observábamos todo. Estábamos aprendiendo el mensaje de la familia; sabíamos que muy pronto nos tocaría estar ahí, y que los que ahora presidían la mesa también habían tenido alguna vez diez años y se habían divertido clavando navajas en la tierra; que cada uno de los que en este momento tomábamos dulcemente la mano de nuestra novia debajo de la mesa, algún día estaríamos solos.

Aprendimos también, quizá, que en el intento de llegar a ser lo que nuestros padres no eran, habíamos perdido algo de lo que sí eran.

Nos imaginé a mis tres hermanas y a mí en una reunión familiar futura.

Sería igual a ésta. Existiría lo mismo entre nosotros: el amor y las viejas rencillas, la empatía y las uniones malogradas, y nos contaríamos unos a otros todas aquellas viejas historias acerca de lo que solíamos hacer.


Al final, cuando Charles y Evelyn, los festejados, partieron el enorme pastel de bodas blanco y amarillo, y todos nos pusimos de pie para brindar a su salud con nuestros vasos de té helado, no pudimos evitar que las lágrimas asomaran a nuestros ojos, y lloramos de alegría por su unión, y por la nuestra. 

La Carta Del Esposo Ausente

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  • Querida, no puedo mandarte desde acá el dinero para los gastos de la casa de este mes, ya veremos el próximo. Así que te mando 100 besos. Eres mi amor verdadero!
Atte.

Tu esposo que tanto te ama!


- Tras varios días, la esposa responde:

Querido mío, te agradezco por los 100 besos y te mando detalles de cómo los usé:
1. El lechero estuvo de acuerdo con recibir a diario 2 besos por cada litro de leche.
2. El Cobrador de la Luz no estuvo de acuerdo en condonar la deuda por menos de 7.
3. El propietario del edificio viene cada día y me pide 2-3 besos en lugar del alquiler.
4. El administrador del supermercado no acepto solo besos, así que tuve que ofrecerle también otro ‘arti…..lo’.
5. Otros gastos: 40 besos.

No te preocupes por mí, me quedan aún como 35 besos y espero me alcancen para el resto del mes. ¿Planifico los gastos del próximo mes de esta misma forma o me mandas dinero?

Con Amor, Tu esposa.


Carta del esposo ausente
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Imágenes Conmovedoras De Polícias Que Dan Consuelo A Bebés Rescatados

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No debería sorprendernos ya, pero sí lo hace, hasta el punto de conmovernos. Se trata de la imagen de un oficial de la policía que toma en sus brazos y consuela a un bebé que acaba de ser rescatado de un accidente.

Ocurrió en la interestatal (I-20), cerca de Leeds, en el estado de Alabama. Tres vehículos, una ambulancia y un camión de remolque se engarzaron en un choque múltiple que trajo varios lesionados, el corte temporal de la circulación y sobre todo una foto de extrema ternura, en medio de un desastre.

En la imagen que ahora mismo recorre los inusitados y sorprendentes caminos de las redes sociales aparece el oficial Ric Lindley con una bebé de apenas unos meses, vestida con una batita rosada, arropada entre sus brazos.

Facebook de la oficina del Sheriff del Condado de Jefferson
Fue desde la página de Facebook del Sheriff del Condado de Jefferson que se propagó este gesto de ayuda y ternura por parte de un oficial de las fuerzas del orden.

“Un padre en uniforme es siempre un padre”, escribió uno de los comentaristas.

“Estás en buenas manos, pequeña niña”, replicaba otro, desde lejos, nada menos que desde la oficina del sheriff del condado de Palm Beach, en Florida.

No es primera vez que este tipo de imágenes tiernas se expanden en la red de redes y contrastan con las ideas de rudeza e incluso de violencia que de las fuerzas del orden suelen circular. Hace apenas tres meses, The Washington Post dedicaba un espacio a un oficial a la imagen de un policía que se hizo cargo de una niña de unos dos años tras el accidente en que murió su padre.

Tomado de la página de Facebook del Departamento de Policía de Brighton, Colorado.
Según el reporte, cuando el oficial Nick Stuck, de Brighton, Colorado, se personó en el lugar del accidente, también en una carretera interestatal, solo encontró la imagen de un desastre. Un auto había perdido el control y se había salido de la vía. Simultáneamente, por los aires habían volado los cuerpos de dos adultos y de cuatro menores.

Mientras otros de sus colegas se ocupaban del resto, Stuck tomó en sus brazos a la aturdida y llorosa niñita y comenzó a cantarle una canción de cuna.


Padre también de una niña de la misma edad, Stuck solo tenía en su cabeza una idea; de ahí el gesto de ternura que quedó eternizado en una foto y que conmovió a miles y miles de internautas.

Por último, a finales de mayo se volvió viral otra foto que muestra un nuevo acto de ternura por parte de un policía. En sus horas libres como oficial, Andy Black se encontraba ejerciendo de guarda en el Oak Park Mall, en Kansas, cuando una señora que pasaba con su esposo y su bebé fue víctima de una convulsión.

Tomado de la página de Facebook de Jilli Neil

“Cuando llegué, ella se había recuperado un poco, pero apenas podía sostener a su bebé encima de sus piernas”, declaró Black a la prensa. Como el esposo se encontraba conversando con los paramédicos y Black notaba que la mujer temblaba y que tenía miedo de que se le cayera el bebé al suelo, el oficial le pidió que se la diera, tras lo cual la tomó en sus brazos y le acercó el biberón. Abuelo al fin, el hombre sabía que aquella era una manera de calmar los ánimos irritados de la cría.

Curiosamente, la fotógrafa Jilli Nel se encontraba presente y, ante tal acto de ternura, decidió dejar su testimonio de ese acto.

Como era de esperar, una vez en las redes sociales, la imagen fue motivo de infinidad de elogios y de agradecimientos.

Fuente: yahoo.com


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